NO ESTABA ENFERMA… SOLO TENIA CÁNCER
Una historia real sobre emociones, cáncer de tiroides, transformación y esperanza.
Hay diagnósticos que te cambian la vida para siempre.
El día que escuché la palabra cáncer, sentí miedo, incertidumbre y me hice muchas preguntas a la vez. Pero curiosamente, dentro de mí también existía una paz difícil de explicar.
Pese a tener cáncer de tiroides con metástasis en los ganglios, yo nunca me sentí enferma.
Sentía que algo más grande me sostenía, algo infinitamente amoroso, ese algo que nunca me dejaría sola y que me acompañaría a lo largo de todo este proceso.
Hoy, 6 años después de aquella operación, sigo aquí, viva, transformada y más consciente que nunca.
Y quiero compartir esta historia porque entendí que muchas veces el cuerpo no quiere destruirte, solo quiere despertarte.
MI HISTORIA PERSONAL
El inicio de un derrumbe emocional
Al principio del 2019 tuve un carrusel de emociones.
Recuerdo entre ellas la rabia, la injusticia, la tristeza, el dolor de ser culpada por algo que nunca cometí; ese señalamiento por parte de una familiar hizo que mi mundo se derrumbara.
Ahora sé que lloré, grité, pero no lo suficiente. Porque en medio de todo este dolor, hice lo que me enseñaron desde pequeña:
“Ser fuerte, callarme y seguir adelante”.
Dejé de hablar unos meses con mi familia, me alejé; aquella rabia hizo que no quisiera estar cerca de ellos.
Con el tiempo creí que había dejado todo atrás. Según mi percepción, todo volvía a su normalidad…
Pero no fue así.
La voz que me cambió mi vida
Una noche, mientras dormía, una voz me susurró algo al oído:
“Pide una cita con el médico”.
Me levanté asustada, creí que estaba soñando y volví a acostarme.
Pero esta vez, completamente despierta, volví a escuchar la misma frase:
“Pide una cita con el médico”.
Yo siempre he creído que hay alguien más grande que nos cuida y nos acompaña.
Así que tomé una decisión que en ese momento me pareció un poco loca: pedir la cita; lo hice inmediatamente por internet y curiosamente, me la dieron para el día siguiente.
“Todo está perfecto”
Durante la consulta le dije al médico que quería hacerme unos chequeos normales.
Me enviaron toda clase de análisis de sangre.
Una semana después regresé por los resultados y todo parecía estar perfectamente bien. Según los resultados, mi tiroides estaba funcionando perfectamente bien, nada de que alarmarse.
Pero justo al despedirme del médico, volví a escuchar ese susurro interior:
“Dile que hace tiempo tenías una bolita en el cuello.”
En ese momento pensé:
“Me estoy enloqueciendo”.
Aun así, me devolví y le dije exactamente eso.
Me hizo regresar a la silla, palpó el cuello, los ganglios y me dijo:
“No siento nada… pero voy a mandarle una ecografía”.
Salí de allí pensando: “¿Por qué hice eso?, soy una mentirosa, realmente estoy loca”.
El día cero
Pasaron los días hasta que llegó el famoso día.
Eran las 8 am, mi esposo me acompañaba, ya que después de la ecografía comenzaríamos a celebrar su cumpleaños con un fantástico desayuno.
Entré tranquila, sonriendo y pensando:
“Esto va a pasar rápido”.
Todo iba bien hasta que escucho a la doctora decir:
“Oh, Dios mío”.
La miré, ella guardó silencio y siguió en su pantalla.
Y en ese instante algo dentro de mí lo supo:
“Tengo cáncer”.
Era demasiado pronto para asegurarlo, pero mi corazón ya lo sabía.
La confirmación
Luego llegaron las biopsias y con ellas la confirmación de que tenía cáncer de tiroides y que había hecho metástasis en varios ganglios.
Sin embargo, en ese momento yo seguía sintiendo algo muy extraño y difícil de explicar:
“Tengo cáncer, pero no estoy enferma”.
Ese “algo más grande” seguía dándome fuerza, seguía sosteniéndome.
Lo más difícil para mí, no fue el diagnóstico…
Lo más difícil para mí, fue contarlo.
Algunas personas reaccionaban llorando, abrazándome como si realmente fuera a morir y era yo quien terminaba consolándolas.
Recuerdo decirles:
“No es nada, no me entierren todavía, aún sigo viva y seguiré estándolo”.
El viaje que nunca olvidaré
Recuerdo el día que venía de la cita con el especialista, en un bus intermunicipal (ya que la operación era en otra ciudad, a 3 horas de donde vivía). Llamé a mi esposo y traté de hablar en un tono bajo; me preguntó cómo me había ido, le dije que bien, pues al reunirme con el especialista, este me dijo que estábamos en manos de “alguien más grande”. Ahí comprendí que efectivamente “no estaba sola en todo este camino”.
Cuando terminé de hablar, una joven no más de 20 años me pidió permiso para sentarse a mi lado.
Luego con mucha pena, me dijo:
“Escuché su conversación y quiero pedirle ayuda”.
Me contó que estaban esperando el diagnóstico de su mamá y que la familia sentía que iban a enloquecer, pensando que fuera cáncer.
Y entonces me preguntó algo que nunca olvidaré:
“¿Cómo puede estar tan tranquila sabiendo que tiene cáncer?”
Fue un hermoso viaje aquel día. Ahora entiendo, que aquella joven apareció para recordarme algo importante:
Que algún día debía contar mi historia.
Y quizás esa es la razón por la que hoy estoy aquí escribiendo este blog.
Para que quién esté pasando por un momento oscuro, recuerde que no está solo.
Y que incluso en medio del dolor… existe “algo más grande que nos acompaña”.
EL CUERPO Y LAS EMOCIONES
Como kinesióloga holística, sabía que había algo más profundo en todo esto, y quizás mi cuerpo estaba intentando decirme algo.
Inspirada en las reflexiones de “Le grand dictionnaire des malaises et des maladies” de Jacques Martel, empecé a preguntarme si detrás de mi cáncer también existían emociones no expresadas o heridas profundas que necesitaban ser escuchadas.
El cáncer de tiroides y la voz interior
Según algunas medicinas holísticas, como la medicina tradicional china (MTC), la ayurvédica (India), vibracional o energética y entre otras, ubican la tiroides en el quinto chakra (centro energético del cuerpo); abordándola no solo fisiológicamente, sino como un centro de autoexpresión, de comunicación y de verdad, fue así que empecé a conectar varias emociones, como la rabia, el no poner límites, el dolor que me causaban las acusaciones hechas por mi familia, ahí entendí que había pasado años tragándome emociones, silencios e injusticias, que nunca expresé realmente.
Mi cuerpo seguía funcionando… pero mi alma estaba agotada.
LA SANACIÓN HOLÍSTICA
Sanar no fue solamente sacar de mi cuerpo, la tiroides, 2 paratiroides, 38 ganglios de los cuales 16 tenían cáncer, sino también a nivel emocional, empezando a liberar dolores que llevaba guardando durante algún tiempo, y a nivel espiritual, al volver a sentir esa conexión inmensa con “ese alguien más grande”.
LO QUE EL CÁNCER ME ENSEÑÓ
El cáncer no vino a destruirme… vino a despertarme.
Aprendí a escuchar mi cuerpo.
A vivir el presente.
A amarme.
A priorizarme y dejar de postergarme.
A valorar la vida.
Y sobre todo a ReconoSer mi grandeza.
Ahora miro hacia atrás y agradezco cada momento.
No romantizo el cáncer.
Fue doloroso.
Fue difícil.
Pero también fue el inicio de mi transformación.
Hoy entiendo que el cuerpo muchas veces habla lo que el alma calla.
Y quizás mi historia llegó a ti para recordarte algo importante:
Nunca estamos tan solos como creemos.
HOY QUIERO DECIRTE ALGO…
Si estás atravesando:
Un diagnóstico difícil.
Si tienes miedo.
Si sientes que el mundo se derrumba a tu alrededor…
RESPIRA,
Tu diagnóstico no define quién eres.
Tu enfermedad no es tu identidad.
Y aunque hoy no puedas verlo, en ti existe una fuerza inmensa.
A veces, incluso en medio de la oscuridad, la vida sigue sosteniéndote silenciosamente.
Y quizás algún día, como yo hoy, puedas mirar atrás y descubrir que no solo sobreviviste, sino que además RENACISTE.
Hoy quiero invitarte a detenerte y escucharte…
Piensa en esas emociones que llevas guardando tanto tiempo.
En los años que llevas tratando de mostrarte fuerte, mientras por dentro te derrumbas.
Identifica cuál es la parte de ti que necesita ser escuchada hoy.
SI ESTE BLOG TOCÓ TU CORAZÓN… compártelo con alguien que necesite esperanza.
A veces una historia puede convertirse en luz para otra vida.