Muchas personas viven lejos de su país y otras viven lejos de sí mismas

“No todas las distancias se miden en kilómetros”.

Hay gente que vive fuera de su país, de sus raíces, de su idioma, de los abrazos que un día los llenaron de fuerza.

Y aunque logran adaptarse, trabajar, construir una vida y seguir adelante, siempre hay una parte que nunca termina yéndose del todo.

Porque emigrar no es solamente cambiar de lugar. Es aprender a vivir con pequeñas ausencias diarias.

La ausencia de esa voz familiar, de una comida que sabe a infancia, de las calles donde alguna vez fuimos nosotros mismos sin esfuerzo, de la sensación de pertenecer.

Y si, el cuerpo aprende nuevos caminos, pero el alma tarda un poco más en encontrar donde descansar.

Más, sin embargo, existe otra migración aún más silenciosa, más invisible y más profunda

…La de las personas que viven lejos de sí mismas. Aquellas que un día dejaron de escucharse para complacer a otros, las que aprendieron a callar lo que realmente sentían para no incomodar, que se acostumbraron tanto a sobrevivir, que olvidaron cómo es sentirse vivas.

Muchos siguen en el mismo país donde nacieron, pero ya no reconocen quiénes son. Se levantan cada mañana cumpliendo responsabilidades, sonriendo por costumbre, aparentando fortaleza… mientras por dentro sienten una desconexión imposible de explicar, es como si estuvieran viviendo una vida que no les pertenece del todo.

Y quizás esa es una de las tristezas más grandes que experimenta el ser humano “vivir lejos de sí mimo durante tanto tiempo”.

Porque el alma también se siente exiliada.

Un exilio emocional que ocurre cuando abandonamos nuestros sueños, nuestras emociones, nuestra autenticidad… solo para encajar, sobrevivir o simplemente para ser aceptados dentro de una sociedad.

Entonces comenzamos a sentir un vacío inmenso, una ansiedad incontrolable, la desmotivación se vuelve constante y sobre todo nos llega un gran cansancio emocional.

Empezamos a creer que necesitamos cambiar todo afuera, cuando en realidad lo que más necesitamos es regresar… a nuestra esencia.

Hay muchas personas que sienten que algo les falta, aunque aparentemente “todo esté bien”.

Porque la verdadera plenitud no nace solamente de tener, sino de sentirnos conectados con quienes somos y quizás evolucionar no significa convertirnos en alguien diferente…

…Quizás evolucionar significa “volver a casa”, pero no a esa casa física, sino a ese lugar interior donde dejamos de fingir, dejamos de huir y comenzamos a reconocernos otra vez.

Porque cuando volvemos a nosotros mismos… el mundo entero deja de sentirse tan extraño, tan frio y tan indiferente.

Tal vez la vida hoy no te esté pidiendo que seas más fuerte, tal vez solo te esté invitando a comenzar ese viaje de regreso a ti.

¿Hace cuánto tiempo sientes que vives lejos de quien realmente eres? “Hay viajes que cruzan fronteras…y otros que nos enseñan el camino de regreso hacia nosotros mismos”